Cuando esta pareja de intelectuales se conocieron en París en 1929, ella, Simone de Beauvoir, tenía 21 años y él, Jean Paul Sartre, tenía 24. Una relación de convenciones amorosas inusuales, que en la búsqueda de la felicidad perdurarón hasta el final de sus días. Él partió el 15 de abril de 1980 y ella, el 14 de abril de 1986. He aquí una escena real de la película documental “Sartre, l’âge des passions» (2006).
«Muchas mujeres odian su trasero. Esa masa pública
y ciega que pertenece a todo el mundo, menos a ellas»
Jean Paul Sartre
ESCENA
― Qué día Castor.
― Sí, formidable. Dice Simone de Beauvoir.
Ella camina hacia la ventana brindando su espalda a Jean Paul Sartre; él la mira de reojo, toma una botella de ron cubano y la sigue.
― Hace mucho que un hombre no me abraza.
Ella da media vuelta y se miran cara a cara. Él sirve dos copas para celebrar por el día e ignora las palabras. Reina el silencio.
― Tengo 52 años y me siento una anciana. Ella se quiebra.
― Castor ¡por favor! -dice él-. No llore, estoy aquí; siempre estaré aquí.
― Lo sé, no estoy enfadada –responde-. Además, Sartre, no amas tu cuerpo. Nunca lo has amado. Yo sin cuerpo no puedo vivir.
Él la observa con ternura y sorpresa e inquiere.
― Castor ¿es por toda esa juventud? Aquí en Cuba también me siento mayor.
― No, un hombre, una mujer, no es lo mismo. No somos iguales frente a la edad. Simone de Beauvoir sigue llorando.
― Quizá. -Responde Jean Paul Sartre fríamente-. Ellos tienen también relaciones, y lo nuestro es también algo sólido. Tenemos nuestros libros.
― ¿Para qué escribir si nos volvemos madera muerta? Quería escribir, sí, pero, sobre todo, quería vivir.
Y luego corre de nuevo a la ventana y se echa a llorar desconsoladamente.
Jean Paul Sartre la toma por sus brazos, la voltea lentamente, y la abraza conteniendo sus lágrimas.
